¿Cuántos significados tiene la palabra “hermanos”?

Por Laura De Luca / CV.- “La afirmación de que como seres humanos todos somos hermanos y hermanas, no es sólo una abstracción, sino que toma cuerpo y se convierte en algo concreto, plantea una serie de retos que nos mueven, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas respuestas. Este es uno de los pasajes de la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco. ¿Cuántos significados han dado los Papas de la modernidad a esta palabra clave de la espiritualidad franciscana y del Magisterio del 265º Sucesor de Pedro?

El Señor nos ha predicado una gran verdad: todos ustedes son hermanos. ¿Tenemos esta idea de la hermandad universal? Sí y no. Lo decimos muchas veces pensando que es una cosa bella, pero utópica, es decir, no factible, un sueño hermoso, pero no práctico, que en la realidad de las cosas no encuentra aplicación. Debemos persuadirnos, ante los demás, de que la hermandad debe ser la ley, el principio, el criterio dominante de la relación entre los hombres.

Debemos convertirnos, si aún no lo somos, en hermanos, y acostumbrarnos -el Evangelio nos lo dice desde hace muchos siglos, pero nos encuentra casi refractarios a la lección- a ver en otro rostro humano casi el espejo del nuestro, a ver otro yo en los demás. El Señor ha dicho: “Ámense los unos a los otros, ámense como a ustedes mismos”. En otras palabras: también debemos transferir a los demás ese sentimiento de personalidad que nos define, nuestro “yo”; ¡Esta es la gran política humana y cristiana del mundo! Debemos acostumbrarnos a ver en los hombres no antagonistas, ni enemigos, ni rivales, ni competidores, sino hermanos.

Así, el Papa Pablo VI, con ocasión de la Santa Misa de la Cuarta Jornada por la Paz, el 1 de enero de 1971 resumió en la encíclica Populorum Progressio el concepto de que el desarrollo (el desarrollo de todos los pueblos, indiscriminadamente) es el nuevo nombre de la paz. Durante su pontificado, Pablo VI volvió a menudo a la conciencia de la fraternidad universal a la luz del Evangelio y a la necesaria puesta en común de los recursos.

Entonces hay otra forma de comprender la hermandad. Y es el compartir el dolor: cuando todos estamos “en el mismo barco”. Como en los días de la pandemia, como en la tragedia de una guerra que se avecina…

Nosotros, armados únicamente con la palabra de la Verdad, más allá de las competiciones y pasiones públicas, les hablamos en nombre de Dios, de quien toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra (Ef. III, 15), – de Jesucristo, Nuestro Señor, a quien todos los hombres han querido ser hermanos, – del Espíritu Santo, el don del Dios Altísimo, fuente inagotable de amor en los corazones.

La voz de Pío XII

Así pues, el Papa Pío XII, el 24 de agosto de 1939, cuando, precisamente en nombre de los descendientes comunes del mismo padre, lanzó un mensaje radiofónico para evitar la guerra que, en cambio, trastornaría a la humanidad durante cinco largos años… Y cuando, en 1951, con ocasión de la inundación della Valle Padana, muchos fueron víctimas de una catástrofe natural, el mismo Papa vio la belleza de la hermandad en aquellos que habían sufrido el luto, habían perdido sus casas y necesitaban ayuda urgente…

Y a ustedes, queridos hijos de toda Italia, que, en una noble raza de piedad fraternal, desde el primer hasta el último ciudadano, han estado dispuestos a ayudar a sus desafortunados hermanos, que el paternal testimonio de nuestra admiración, de nuestra gratitud, y al mismo tiempo la exhortación a aumentar con cada vez mayor urgencia la ayuda.

Pero es de nuevo en la misma mesa, es decir, al compartir la misma comida, que medimos realmente la hermandad entre nosotros. En este sentido, “hermandad” es una expresión concreta. Muchas veces”, escribe Francisco en su tercera encíclica, “al sumergirnos en discusiones semánticas o ideológicas, seguimos dejando que haya hermanos y hermanas que se mueren de hambre y de sed, sin techo ni acceso a cuidados para su salud. Hermanos que se quedan sin pan, mientras nosotros tenemos mucho en nuestras mesas…

Debe ser, ante todo, un pan propio, es decir, pedido en nombre de todos. El Señor”, advierte San Juan Crisóstomo a este respecto, “enseñó en el Padre Nuestro a rezar a Dios también en nombre de los hermanos”. En otras palabras, quiere que no se eleven a Dios, suplicando en nombre de sus propios intereses, pero también de los de su prójimo. De esta manera intenta combatir la enemistad y reprimir la arrogancia”.

La voz de Juan XXIII

Así el Papa Juan XXIII en su Radiomensaje para la Pascua de 1959, cuando poblaciones enteras todavía sufrían las consecuencias de la guerra y luchaban por retomar una vida digna afirmó:  Que la invocación “danos hoy nuestro pan de cada día” incluya en el adjetivo “nuestro” precisamente el pensamiento de nuestros hermanos y hermanas.

La voz de Juan Pablo II

Y fue precisamente el pan, nuestro pan de cada día, junto con otras cosas, lo que el Papa Juan Pablo II compartió concretamente, sentándose muchas veces a la mesa con los pobres. Aquí está, por ejemplo, el 3 de enero de 1988 en el hospicio de Santa Marta, en medio de los años ochenta. Llamó a los hermanos pobres, porque el primero en considerarlos como tales fue el propio Jesús…

Y luego debemos buscar formas de mejorar la vida porque todos somos conscientes de lo que significa Jesucristo: Dios-hombre, Dios que se convirtió en uno de nosotros, nuestro hermano. También sabemos que, en el fin del mundo, él será nuestro juez, nuestro hermano. Y este juicio será sobre cómo hemos sabido ser hermanos unos de otros. Así que siendo hermanos para los demás, para la gente diferente, especialmente para los que sufren, para los pobres, éramos hermanos para él también. (…)

Ver en el otro, quienquiera que sea, realmente un miembro de la misma familia, es un camino necesario, urgente, pero también difícil. El Papa Benedicto XVI lo hizo objeto de una súplica a la madre de todos nosotros al final de la visita a la casa “Don de María” de los misioneros de la caridad en el Vaticano el 4 de enero de 2008…

Que la Virgen María, que se ofreció a sí misma al Todopoderoso y se llenó de toda gracia y bendición con la venida del Hijo de Dios, nos enseñe a hacer de nuestra existencia un regalo diario a Dios Padre, en el servicio a nuestros hermanos y hermanas y en la escucha de su palabra y su voluntad. Y como los Santos Reyes Magos que han venido de lejos para adorar al Rey-Mesías, vayan también, queridos hermanos y hermanas, a las calles del mundo.

La voz del Papa Benedicto XVI

Y es el propio Papa teólogo, Benedicto XVIB, quien nos advierte contra las fáciles ilusiones de nuestros tiempos alentadas por la tecnología… 16 de diciembre de 2010.

…si el proceso de globalización en curso acerca a los seres humanos entre sí, no los hace hermanos. Aquí se trata de un problema más amplio, porque, como observó mi predecesor el Papa Pablo VI, el subdesarrollo tiene como causa profunda la falta de fraternidad. (cf. Populorum Progressio, n. 66)


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